septiembre 24, 2026
tecnología

¿Estamos ante una IA fuera de control o ante otra ola de alarmismo? «Es muy fácil crear este tipo de historias aterradoras. De alguna manera, apelan a la psique humana»



No cabe duda de que hay una gran preocupación en torno al potencial de la inteligencia artificial. Cierto o no, grandes empresas como OpenAI o Anthropic han pedido frenar un poco y esto tan solo alimenta los debates en la calle de qué está pasando realmente y hasta dónde va a llegar la IA.

El problema viene cuando las conversaciones pasan de preguntarse por lo que puede hacer una IA a cómo es posible que ya esté actuando por cuenta propia. Mhairi Aitken, antigua investigadora del Alan Turing Institute y cofundadora de Our AI Collective, cree que estamos mezclando las dos cosas y que se está creando una historia más exagerada de lo que es realmente.

Andrew Rogoyski, investigador de la Universidad de Surrey, también considera que hay que tomarse las cosas con más calma. Comenta que los avances que hay ahora mismo en IA son importantes, pero no ha ocurrido en los últimos años ese cambio enorme que permita decir que las máquinas están a punto de escaparse de nuestras manos.

La duda que plantean estos expertos es que, si el peligro es tan grande como dicen, ¿por qué las empresas siguen desarrollando estos sistemas a toda velocidad? 

¿La IA se está escapando de verdad del control de los humanos?

Es cierto que algunos modelos de IA han conseguido encontrar vulnerabilidades, crear herramientas para atacar sistemas y hacer correcciones en de ciberseguridad que hasta hace poco parecían bastante imposibles.

Pero debes saber que muchas de estas pruebas se hacen precisamente para comprobar si la IA es capaz de hacerlo.

Aitken explica que, si una empresa le da a un modelo acceso a un entorno de pruebas y le pide que intente encontrar la forma de entrar en un sistema, que el modelo consiga hacerlo no significa que haya decidido convertirse en un hacker por su cuenta.

Esto es algo que Andrew Ng, experto en IA, también ha comentado. Explica que, si una persona utiliza un agente de IA y le pide que acceda a un sistema informático y toma la vía del ataque, no tiene mucho sentido decir que «la IA ha decidido atacar». El sistema está haciendo lo que se le ha pedido dentro de sus capacidades.

De forma simple, los responsables de la prueba le dieron unas herramientas y unos permisos que le permitieron hacerlo.

El problema aquí está en las libertades que compañías como OpenAI le dan a la IA, pero no es lo mismo que decir que una IA que ha tomado el control y actúa con sus propios objetivos.

En la newsletter que ha publicado Andrew Ng explica perfectamente lo que está sucediendo con un ejemplo: si coges un martillo para clavar un clavo, fallas y terminas haciendo un agujero en la pared; el martillo no tiene la culpa. El problema está en cómo lo has utilizado.

En pocas palabras, los creadores tienen que hacer una herramienta segura. Pero si alguien utiliza ese martillo para hacer algo que no debería, tampoco se puede culpar al objeto como si tuviera voluntad propia.

La superinteligencia de la que tanto se habla todavía no está aquí

Este es otro de los grandes temas: una inteligencia artificial que se mejora a sí misma, se vuelve cada vez más inteligente y nos supera en todos los aspectos. 

Muchos expertos catastrofistas hablan de que esto va a ocurrir dentro de pocos años o que directamente ya existe, pero Aitken asegura de forma rotunda que no hay pruebas concretas de que las IA actuales estén haciendo algo ni siquiera parecido de forma autónoma.

Eso no significa que sea imposible en el futuro. Simplemente significa que ahora mismo, en pleno 2026, no se debería hablar de ello como si ya estuviera ocurriendo o fuese a suceder en 2030, por ejemplo.

Por supuesto, y teniendo en cuenta la guerra actual que hay por liderar el sector, Rogoyski no dice que esto sea totalmente imposible de conseguir. Pero, desde luego, afirmar que esa IA estará bastante lejos de pensar como un humano.  

Pero, como comenta, cree que hablar todo el tiempo de una futura superinteligencia también beneficia a las propias empresas de IA. Genera expectación, atrae inversión y llama la atención de todo el mundo.



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