
Pagar con tarjeta de crédito o débito en el supermercado o en el restaurante se ha convertido en un gesto tan habitual que rara vez pensamos en todo lo que ocurre detrás de cada operación.
Solo acercamos el móvil o la tarjeta al terminal y, en cuestión de segundos, la compra queda resuelta y nos olvidamos. Sin embargo, buena parte de la infraestructura que hace posible ese proceso está en manos de compañías estadounidenses.
Aquí es donde aparece uno de los grandes objetivos que se ha marcado la Unión Europea, que es contar con un sistema de pagos propio que reduzca esa dependencia.
Cabe señalar que tanto Visa como Mastercard siguen teniendo un peso enorme en el mercado europeo y, según datos del Banco Central Europeo, ambas representan alrededor del 61 % de los pagos con tarjeta en la zona euro.
La respuesta no pasa por eliminar las tarjetas actuales de un día para otro, sino que Bruselas está impulsando alternativas que permitan realizar pagos sin recurrir necesariamente a esas redes.
Entre ellas aparecen Wero o Bizum, una solución basada en pagos directamente desde las cuentas bancarias, y el euro digital, que podría convertirse en una nueva forma de utilizar dinero emitido por el Banco Central Europeo.
Europa quiere que el dinero circule por una infraestructura propia
Europa considera que depender de unos pocos operadores extranjeros puede convertirse en una debilidad cuando los pagos digitales son cada vez más importantes para la economía.
Por eso Wero o Bizum están intentando construir una vía diferente. Las plataformas permiten enviar y recibir dinero desde una cuenta bancaria sin introducir números de tarjeta y también están preparadas para compras en comercios físicos y tiendas online.
El sistema utiliza transferencias inmediatas y puede funcionar desde la app del banco o desde la propia aplicación. La iniciativa está respaldada por la European Payments Initiative (EPI) y ya se está extendiendo por distintos mercados europeos.
Su planteamiento es que el dinero pase directamente de una cuenta a otra. De esta manera, el pago no necesita apoyarse en una red de tarjetas estadounidense como Visa o Mastercard para completar la operación.
El euro digital sería la pieza pública del proyecto
Es importante mencionar que Wero y Bizum pertenecen al ámbito privado, pero el euro digital sería algo diferente: una representación electrónica del dinero del banco central.
El BCE lo plantea como una versión digital del efectivo que conviviría con los billetes y las monedas en lugar de sustituirlos. La idea es que pueda utilizarse para pagar en establecimientos, comprar por internet o enviar dinero a otra persona.
También se está diseñando para funcionar sin conexión en determinadas circunstancias. El proyecto contempla además que los pagos puedan realizarse mediante un teléfono o una tarjeta.
El calendario para su lanzamiento apunta a 2029, pero hay una condición importante. Y es que el BCE solo podría avanzar hacia una primera emisión si la legislación europea necesaria sale adelante. Por ello, antes está previsto un programa piloto de 12 meses que comenzaría en la segunda mitad de 2027.
Un punto importante que debemos mencionar es que la llegada de estas alternativas no implica que un ciudadano europeo tenga que tirar su tarjeta actual.
El objetivo es ampliar las opciones y conseguir que Europa disponga de una infraestructura propia capaz de competir con los sistemas que dominan actualmente el mercado.
Para los consumidores, el cambio podría traducirse en nuevas formas de pagar, y para los comercios, disponer de otra infraestructura que puede aumentar la competencia entre proveedores y reducir su dependencia de unas pocas redes internacionales.
EL BCE también defiende que el euro digital reforzaría la resiliencia del sistema europeo y su autonomía en materia de pagos. El verdadero cambio, por tanto, no será necesariamente visible en la cartera.
Lo importante estará detrás del terminal de pago, es por ello que Europa quiere que en el futuro exista una alternativa propia para que una compra cotidiana no dependa obligatoriamente de una infraestructura controlada desde Estados Unidos.
