La demanda del New York Times contra OpenAI y Microsoft está sacando los colores a más de uno en el sector de la IA. Y no es para menos. El juez ha empezado a desclasificar documentos internos del juicio. Por eso, ahora sabemos que los propios ingenieros de estas empresas llevaban años siendo conscientes de su falta de ética. Básicamente, debatían entre ellos si coger millones de artículos de prensa sin pedir permiso era legal o si directamente estaban cometiendo el mayor robo de trabajo de la historia de la humanidad.
Todos estos mensajes que están saliendo a la luz son de entre 2020 y 2024, justo la época en la que los modelos de lenguaje estaban a punto de eclosionar. Lo curioso de todo este tema es la hipocresía. Por un lado, los directivos salían a decir en público que usar textos con derechos de autor era totalmente legal, escudándose en el «uso justo» (fair use, en inglés). Pero por dentro, a puerta cerrada, los investigadores técnicos avisaban de que todo esto podía ser un desastre. Incluso reconocía que estaban atacando a los profesionales que creaban la información que ellos necesitaban para entrenar a los modelos.
Preocupados por destruir su propia cadena de suministro
Brent Hecht, que era director de ciencia aplicada en Microsoft, dejó por escrito en 2023 que estaban creando un producto diseñado para destruir su propia cadena de suministro. Es decir, sabían que los LLM podían destruir el modelo de negocio de los medios y eso, a su vez, les perjudicaría porque no dispondrían de datos nuevos de entrenamiento. Por otro lado, Jack Clark, exdirector de política de OpenAI, le dijo por mensaje a Sam Altman y Greg Brockman ya en 2020 que todo esto les iba a convertir en el símbolo de la típica empresa invasiva de Silicon Valley a la que le da igual todo.
Por otro lado, Nick Turley, que era el jefe del equipo de ChatGPT, soltó en un informe de junio de 2023 que su tecnología era una amenaza de muerte para los medios de comunicación. ¿Por qué? Pues porque la gente ya no necesita ir a la fuente original de la noticia. Los ingenieros sabían y asumían perfectamente que nadie hace clic en los enlaces externos que la IA usa como fuente. Asumieron que están haciendo un producto que sustituye al periodista y que le roba los clics de los que viven. Por cierto, algo muy parecido a lo que hace Google con el AI Mode.
Por si fuera poco, el papeleo del juicio también ha destapado que sabían cómo saltarse las protecciones de los periódicos para leer artículos de pago. Hay un mensaje donde un empleado de OpenAI le cuenta al presidente, Greg Brockman, que han logrado esquivar el muro de pago del periódico neoyorquino. Su reacción fue dar el visto bueno.
Ahora Microsoft intenta echar balones fuera como puede. Satya Nadella ha tenido que declarar ante los abogados que, por supuesto, hay que pagar licencias por los contenidos de suscripción. Y sus portavoces se excusan diciendo que lo que opinen sus científicos en un chat interno no es la postura oficial de la empresa.
Fin del Artículo. ¡Cuéntanos algo en los Comentarios!
